
El café llegó a Costa Rica hace más de 200 años. Se cree que las primeras plantas de café llegaron de Cuba a finales del siglo XVIII. Al principio, nadie imaginó que el café se convertiría en una parte tan importante del país. Era simplemente otro cultivo con potencial.
Durante el siglo XIX, el café se convirtió en una de las mayores exportaciones de Costa Rica. Las familias plantaron cafetos en todo el Valle Central y, más tarde, en otras regiones de mayor altitud. La industria del café ayudó a construir carreteras, escuelas y puertos. Incluso hoy en día, el café forma parte de nuestra historia y nuestra identidad.
Entonces, ¿qué hace que el café de Costa Rica sea diferente?
Como costarricense de nacimiento, siempre he visto el café como algo más que una simple bebida. Forma parte de la vida cotidiana. Visitar a la familia casi siempre comienza con una taza de café. Los amigos se reúnen para tomar café. Incluso las conversaciones de negocios suelen empezar con café.
La primera razón es nuestra tierra. Costa Rica tiene suelos volcánicos ricos, abundantes lluvias y temperaturas cálidas durante todo el año. Estas condiciones permiten que los cafetos crezcan lenta y naturalmente. Muchas de nuestras fincas están situadas entre los 1.200 y los 1.800 metros sobre el nivel del mar. La mayor altitud da a las cerezas de café más tiempo para madurar, creando sabores más dulces y complejos.
La segunda razón son las personas detrás de cada bolsa. La mayor parte del café costarricense proviene de pequeñas fincas familiares que han cultivado café durante generaciones. Muchas todavía cosechan las cerezas de café a mano, seleccionando solo la fruta madura. Eso lleva más tiempo, pero también produce un mejor café.
Costa Rica también ha invertido mucho en calidad. De hecho, nuestro país ha prohibido la producción comercial de café Robusta de baja calidad durante muchos años, centrándose en cambio en las variedades de Arábica, conocidas por su mejor sabor. Este compromiso ayudó a construir la reputación de Costa Rica entre los amantes del café de todo el mundo.
Otra cosa que hace especial al café de Costa Rica es la innovación. Nuestros productores siempre están experimentando con nuevos métodos de procesamiento, como el proceso miel, el proceso natural y fermentaciones cuidadosamente controladas. Respetan la tradición al tiempo que buscan constantemente formas de mejorar la calidad.
Cuando la gente describe el café de Costa Rica, a menudo se escuchan palabras como limpio, equilibrado, dulce y brillante. Dependiendo de dónde se cultivó el café, se pueden saborear chocolate, caramelo, miel, cítricos, frutas tropicales o bayas. Cada región tiene su propia personalidad, pero una cosa permanece igual: el café se produce con cuidado.
En Casa del Arenal, esto es exactamente lo que queremos compartir con usted. Cada bolsa representa el trabajo de los agricultores, la riqueza de nuestra tierra volcánica y una tradición que ha pasado de generación en generación.
La próxima vez que prepare una taza de café costarricense, estará saboreando más que solo granos excelentes. Estará saboreando una pequeña parte de la propia Costa Rica.
Gracias por acompañarnos en este viaje. Esperamos que cada taza le acerque un poco más a nuestro hogar.
- Casa del Arenal